Leonor von Wernich, esa mujer militante

Leonor von Wernich, la compañera de Julio Troxler, murió a los 101 años. En revista Cicatriz la evocamos a través de una entrevista que se publicó el 28 de noviembre de 2010 en El Diario. De yapa, una producción audiovisual del ex Ministerio de Cultura y Comunicación de Entre Ríos y la participación del dirigente gremial, Edgardo Massarotti .

Por: JUAN CRUZ VARELA

Fotografía: José Carminio

La mujer habla rápido y salta con velocidad de un tema a otro. A los 91 años tiene la vitalidad de pocos y discute con total desparpajo. Calza un equipo deportivo y lleva el cabello rubio bien arreglado. Cada gesto resalta aún más sus ojos grandes que dejan ver un celeste luminoso.

Aunque su apellido mueve los recuerdos hacia otro lado, Leonor von Wernich es la viuda de Julio Troxler, ícono de la resistencia peronista y uno de los sobrevivientes de la operación masacre de 1956. “Somos parientes con el mamarracho ese”, dice refiriéndose a Christian von Wernich, el cura represor condenado por crímenes de lesa humanidad. “Su abuelo y el mío eran hermanos. Nosotros somos primos, pero nunca tuvimos trato, por suerte. ¡Y lo que he luchado contra ese desgraciado!”, exclama.

Llegó hace una docena de años a Paraná y hoy vive con una cuñada en una casa sobre avenida Almafuerte que lleva un nombre tan peronista con ella: Villa Eva. En el camino quedaron Rodolfo y Milena, sus hermanos, hijos de Dora Ponce de León, maestra de oficio, y Federico, un padre ausente.

No toma café, pero ahora hace una excepción de ocasión. “Lo que estoy perdiendo un poco es la memoria”, dispara cuando algún dato le hace una finta y huye de su relato. Entonces cambia de tema. En ese ir y venir discursivo llama la atención que hable de “tu” y la permanente evocación a “Cristina”: “Estoy a muerte con Cristina, la admiro profundamente, porque es de una inteligencia preclara. Mirá cómo nos lleva con esto de la debacle económica mundial, algo que nosotros ya pasamos con Menem por toda la entrega que hizo”, afirma sin dudar.

Los años de la resistencia

“A Julito lo conocí en la cárcel de Olmos”, cuenta. “Nosotros teníamos un grupo de compañeras con las que visitábamos a los detenidos políticos que estaban solos. Un día fuimos a visitar a John William Cooke y él me dijo que había compañeros presos políticos, que no tenían familiares y a mí me pusieron como visitante de uno de ellos. Ahí lo conocí. Lo sacaron del pabellón, lo trajeron a un salón y conversamos un rato”, rememora.

Cuando la década del setenta deshojaba algunos almanaques, Troxler, a quien en todo momento llamará Julito, ya era un sobreviviente y una leyenda peronista. Había vivido clandestino entre Bolivia y en Argentina desde que salvó su pellejo de la masacre de José León Suárez orquestada por la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, contra la que se habían levantado con el objetivo de restituir a Perón.

Leonor ya habitaba la casa que luego compartirían, en la calle Julio Argentino Roca 1444, en Vicente López. Su madre le había inspirado la pasión peronista. “La mujer estaba desprotegida por completo en ese tiempo y ella empezó a escuchar a ese militar, hasta que comenzamos a tomar contacto con unidades básicas y con militantes peronistas”. A los 16 años comenzó a militar en el Partido Peronista Femenino, en un grupo que se llamaba “Montoneras de Perón”, del que también participaba la madre de Envar El Kadri, que sería fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).

La segunda vez que vio a Troxler fue en su casa, tiempo después. “La situación era comprometida. Julito y sus compañeros estaban clandestinos y las familias los acogíamos en las casas. A mí me tocó recibirlo y empezamos a tener más intimidad, hasta que finalmente formalizamos”.

 

–¿Cómo era la militancia en los tiempos de la resistencia?

­–Yo militaba fuertemente en la rama femenina, en un grupo que se llamaba “Montoneras de Perón”; actuábamos en unidades básicas y en todo lo que hiciera falta. Además, había un grupo de intelectuales que conformaban el gran consejo coordinador del peronismo revolucionario, entre los que estaban Andrés Framini, que era secretario general de la Asociación Obrera Textil y llegó a ser electo gobernador de Buenos Aires en 1962, cuando el peronismo estaba proscripto; Raimundo Ongaro, que representaba a los trabajadores gráficos; y (el escritor y político Juan José) Hernández Arregui, que también nos guió mucho en esta lucha, sobre todo por la reivindicación de una conciencia nacional. Por esas luchas varias veces nos metieron presas y otras tantas nos allanaron, pero nunca nos torturaron.

Entre 1971 y 1972, Julio Troxler también le puso el cuerpo a Operación masacre, la película de Jorge Cedrón basada en la investigación periodística de Rodolfo Walsh que denunciaba el fusilamiento de un grupo de civiles en un basural de José León Suárez tras la fallida contrarrevolución de junio de 1956. La filmación se realizó en secreto y originalmente la película se exhibió en forma clandestina en barrios, villas, iglesias y escuelas. En ella, se interpreta a sí mismo: “Eso era parte de su militancia. Julito actuaba en las películas sin ser actor porque era militante”, recuerda Leonor. También protagonizó Los hijos de Fierro, de Pino Solanas.

“Yo volví de Bolivia, me metieron preso, conocí la picana eléctrica. Mentalmente regresé muchas veces a este lugar. Quería encontrar la respuesta a esa pregunta: qué significaba ser peronista”. La voz en off de Julio Troxler abre la secuencia final de la versión cinematográfica de Operación Masacre.

Restaurada la democracia, Julio Troxler se desempeñó como Jefe de la Policía de Buenos Aires durante la gestión como gobernador de Pedro Bidegain, hasta que dejó el cargo tras un intento de copamiento a la guarnición militar de Azul, el 19 de enero de 1974. “A los tres meses tuvo que renunciar por el bombardeo constante que recibía. Nos tiraban de todo, no se podía gobernar y entonces renunció”, recordó Leonor.

Sin embargo, Troxler continuó con su militancia. Fue delegado de Perón en Mar del Plata hasta que accedió a un cargo docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “En eso estaba cuando lo mataron. Fue una monstruosidad. Matarlo a Julito como lo mataron. Lo levantaron cuando bajaba del colectivo. Eran como las 12.30. Llegaron tres automóviles y bajaron cinco personas. Lo obligaron a subir en un auto de color negro, lo hicieron poner con la cabeza abajo en el fondo y marcharon hasta los paredones del ferrocarril, en Barracas. Lo mataron y lo dejaron tirado ahí, a plena luz del día, con una tarjeta que decía ‘por bolche y mal argentino’. Porque todos éramos bolches”.

Las palabras le salen como frases sueltas, mezcladas con impotencia y dolor pero sin resentimiento. Así recuerda Leonor ese 20 de septiembre de 1974. El crimen fue perpetrado por la Triple A.

–¿Como siguió su vida después?

–Seguí luchando, más todavía, pero siempre en forma clandestina. Cuando lo mataron a Julito perdí la voz durante un tiempo. Dicen que siempre que pasa algo grave el cuerpo lo sufre de distintas maneras.

 –¿Y hoy cómo lo recuerda?

–Lo recuerdo permanentemente como una persona a la que no podían desviar. Nadie lo compraba y por eso lo mataron. Cuando a Julito lo mandaban como representante a algún lado, viajaba en segunda, para no gastar, porque estábamos en la resistencia. Es que al dinero pocos se resisten, pero él estaba con el pueblo, con el pueblo trabajador.

A continuación un documental producido por el ex Ministerio de Cultura y Comunicación de Entre Ríos.