Prensa militante (radical)

A propósito del Día del Periodista, una historia poco conocida en la historiografía del periodismo. El rescate de un diario fundado por exiliados de la UCR, pero en el que escribieron todos. La crónica sobre un dirigente montonero familiar para los entrerrianos.

Por: FEDERICO MALVASIO

Fotografía: Archivo

No todos los días uno encuentra un amigo con la tenacidad tal de ponerse en campaña para molestar a terceros en pos de un favor para otro (en este caso para uno). Esto ocurrió en Buenos Aires y en plena pandemia. La gestión no era urgente. Pero este cronista tuvo la suerte de toparse con un radical que le mostrara una reliquia de una historia desconocida de la prensa. No fue necesario quemarle la cabeza para conseguir un ejemplar. Este gestor todo lo convierte en urgencia.

Se trata de la colección facsimilar de los 24 ejemplares del periódico La República (vocero del pensamiento democrático argentino en el exilio) que conserva lo que la propia narrativa historiográfica no ha puesto, seguramente y como merece, en valor. Este 7 de junio, Día del Periodista, aparece como el momento indicado para difundir este pedacito de la historia de la prensa que invita a reflexionar sobre el periodismo y la política. El rescate fue a instancias de radicales a través del Senado, la editorial de la UBA y la Universidad Nacional de Rosario en 2016. La autoría de esta obra revisionista tiene nombre y apellido: el dirigente radical Juan Pedro Tunessi, actual prosecretario de la Cámara alta.

El periódico se editó, clandestinamente, en el exterior. Fue editado y difundido por integrantes de la Unión Cívica Radical durante la última dictadura cívico militar. La primera experiencia fue en México. Desde el país azteca fue el periodista cordobés Miguel Ángel Piccato quien estuvo al frente de sus primeros 10 números, hasta que falleció y se hizo cargo Hipólito Solari Yrigoyen. Bajo su dirección se produjeron los siguientes 14 ejemplares que se editaron en Francia pero se imprimieron en Madrid por cuestiones de costos. La primera tirada fue en noviembre de 1977 y la última en mayo de 1983.

El diario llegaba a la Argentina en valijas de turistas argentinos que no tenían cara de sospechoso para el gobierno dictatorial en Ezeiza o el Puerto de Buenos Aires. Cualquier compatriota que visitaba algún país europeo, si tenía un amigo radical, posiblemente debía comprometerse a meter en sus petates ejemplares de La República para distribuir con la más exigente discreción en el país asediado por la represión.

La idea del diario había sido contar las experiencias y pensamientos de dirigentes radicales que debieron partir tras el terror. En algunos casos en tiempos de la Triple A.

Sin embargo, la publicación fue de un verdadero medio de prensa que incluía un panorama general de la vida política en el mundo, como así también de la cultura y las artes. Todo atravesado por la desgracia argentina.

La República daba cuenta de las visitas de correligionarios en Europa y, sobre todo, de las atrocidades que sucedían en el país y los principales medios callaban. Los diarios capitalinos fueron también el centro de las denuncias a los que apuntó la edición que se presentaba como “órgano de la Oficina Internacional de Exiliados del Radicalismo Argentino”.

 

El número 4, de febrero del 1978, el título de tapa era “Los dictadores están al desnudo”. Allí periodistas, escritores como Julio Cortázar, dirigentes e intelectuales de distintos puntos del mundo occidental dieron cuenta del rechazo a la dictadura argentina. En uno de los informes titulados “Las pruebas de la infamia”, se publica una crónica sobre la conocida “Operación México” llevada adelante en ese país por el dirigente montonero Tulio Valenzuela, quien denuncia el terrorismo de Estado en una conferencia de prensa. La misma tuvo como consecuencia la desaparición de su pareja Raquel Negro y su hijo, historia que se conoció en detalle durante el juicio que se desarrolló en Paraná patrocinado por los organismos de Derechos Humanos.

Lo mismo sobre el asesinato del diputado radical Mario Abel Amaya y los relatos, de manera anónima, de “Las locas de Plaza de Mayo”.  En un número de 1979 se publicaron cinco testimonios de exiliados, cada uno con la firma de un dirigente de diferente partido, entre ellos el paranaense y referente del PRT, Manuel Gaggero; y el politólogo Juan Carlos Portantiero. La pluralidad de perspectivas sobre el proceso más dramático de la historia del país es una constante en todas las ediciones del diario que fundó el radicalismo. No eran tiempos, evidentemente, de cuestionar el “periodismo militante”.

Raymundo Ongaro y Rodolfo Walsh, figuras de la narrativa justicialista sobre todo desde principio del último siglo, tuvieron una importante relevancia en las exquisitas plumas radicales.

Un artículo del periodista y escritor Carlos Gabetta sobre el libro de Osvaldo Soriano “No habrá más ni penas ni olvidos” invita al lector a reflexionar sobre el error del gobierno justicialista de Isabel de haber privado a los propios peronistas, a través de la censura, de pensar a partir de la literatura.

Se denunció desde el desguace del Estado por el plan de Martínez de Hoz hasta la organización del Mundial ‘78 como la más vergonzosa campaña pro dictadura.

En uno de los prólogos del trabajo escrito por Hipólito Solari Yrigoyen se rescata el libro “México: el exilio que hemos vivido”, de Jorge Bernetti y Mempo Giardinelli, quienes comentan la ausencia de publicaciones no peronistas a excepción  de La República, donde se rescata la apertura a otros sectores políticos y la línea “antidictatorial”. Los autores caracterizaron al “gordo Picatto” como “un símbolo para los exiliados, cuya trayectoria y estilo desbordaban el marco político del radicalismo, al que adhería con lealtad pero con autocrítica mordacidad”. La crítica y la autocrítica aparecen, a lo largo de los números, en clave política y reflexiva. Con altura. El rechazo al accionar armado de la guerrilla, pero también a la idea de “los dos demonios” que el propio Pablo Picatto, hijo de Miguel Angel, lamenta que en época de democracia se haya convertido en “política de Estado”.

El material publicado en La República tiene un valor histórico valiosísimo. No es sólo un testimonio valiente. Su relectura se acerca a un ensayo para pensar la política hoy.

El trabajo de recopilación y rescate de La República se difunde casi como en aquella época. No porque esté prohibido, sino, quizás, porque el atractivo de lectura sea otro.