En un escenario comunicacional en constante ebullición, donde los criterios comerciales y las urgencias informativas suelen modelar el abanico de opciones que tenemos los oyentes, lectores y televidentes, aún existen propuestas que marchan orgullosamente a destiempo y se permiten construir un vínculo distinto con quien está del otro lado, procurando una utilización más cuidada y premeditada de los recursos disponibles.
Contra este tipo de apuestas, es sabido, conspiran elementos por demás conocidos: los altos costos, la precarización que deriva en el pluriempleo de los comunicadores, las erráticas o nulas políticas públicas y, muchas veces también, la falta de apoyo del sector privado a las iniciativas que surgen en la región. En momentos de crisis, este cuadro emerge con mayor fuerza, pero el problema, lamentablemente, está siempre ahí.
De todos modos, todavía se sostienen, para alegría de muchos, proyectos como radio Madrigal, que hace casi tres décadas comparte desde el 97.9 del dial paranaense una cuidada selección de piezas musicales de diversos géneros, sin desatender un uso amigable y pausado de la palabra que hoy ya es una marca de la emisora. Del jazz a la música de cámara, del bolero al tango o del folclore a las bandas sonoras de películas, el oyente percibe el amor por la música que fue guiando esa propuesta radial “única en su estilo”, como fue catalogada alguna vez al recibir una mención especial en los premios ETER.
En este contexto, en el cual la radio celebra sus 10 mil días ininterrumpidos en el aire, Cicatriz se propuso conocer la historia de esta particular emisora, indagar en sus propósitos y saber cuál es el vínculo que ha construido con el radioescucha en todos estos años.
Miguel Codaglio, un pionero
Resulta imposible hablar de Madrigal sin remontarse a la trayectoria de Miguel Codaglio, músico, comunicador y difusor de la cultura entrerriana que, tal vez desde muy joven, soñó con plasmar la riqueza musical de la región y el mundo en una emisora plural y al alcance de todos. Su hijo Sergio conjetura que posiblemente “diseñó la radio, anheló tener una radio”, desde la primera vez que sintonizó en el dial la música que desde chico lo impactó y lo formó, y fue la posibilidad que se abrió con las FM la que fue encaminando el proyecto.
Codaglio nació en Diamante en 1933. Se formó como autodidacta en el piano, interpretando “de oído” la música popular que fue forjando su identidad artística. A los 13 años comenzó a tocar en una orquesta profesional que se presentaba en fiestas y bailes de la zona y empezó a ganarse un nombre en el circuito de su ciudad y en las aldeas cercanas. Cuando llegó el momento de definir su futuro profesional decidió mudarse a Rosario para estudiar agrimensura. Su idea, más que obtener un título que nunca buscó, era formarse en un ambiente cultural más rico y con mayores posibilidades, sin abandonar la inclinación por la música litoraleña. Antes debió adelantar el servicio militar, con el objetivo de librarse de ese peso y despejar el horizonte para la construcción de una carrera artística que consagró en la localidad santafesina con la conformación de los Cuimbaé, un grupo vocal dedicado exclusivamente a la música del Litoral.
Al cabo de algunos años, el grupo se trasladó a Buenos Aires, donde comenzó a cantar y pudo grabar algunos discos. De manera paralela, Codaglio inició una carrera solista y se vinculó con Ariel Ramírez, Raúl Barboza y Jaime Torres, entre otros músicos que llegarían a consagrarse en la escena folclórica. Un encuentro casual en las calles porteñas con un funcionario entrerriano terminó torciendo nuevamente su destino: “Miguel, vos sos útil allá”, le dijeron, y decidió volver a la provincia que lo vio nacer, esta vez a Paraná.
En esta etapa volvió a vincularse con la radio, ya no como oyente, sino como conductor y productor musical. Esto es folclore, su programa en LT 14, salió al aire durante 23 años, hasta que Codaglio decidió llevar a la función pública su vocación cultural e interrumpió esa propuesta. “La cultura no es solo hacer festivales y espectáculos, eso es una parte. Él quería formar personas, trabajar con los hacedores de la cultura para que mejoraran sus posibilidades”, reflexiona Sergio. Fue con ese objetivo que se desempeñó como director y subsecretario de Cultura durante el gobierno de Mario Moine en la provincia, mientras seguía diseñando en su cabeza las alternativas para poner al aire la radio que soñaba. En aquella época comenzó a perder la visión y eso aceleró su jubilación. Promediando la década de 1990, una confluencia de factores hizo plausible el anhelo y la radio comenzó a tomar forma.
Los primeros pasos
La explosión de las emisoras de frecuencia modulada, paralela a la consolidación de la recuperada democracia, abrió nuevos horizontes en el plano de la comunicación. Fue ese el contexto en el cual comenzó a tomar forma la idea que, con los años, derivó en la creación de Madrigal. Hubo primero otras iniciativas que no llegaron a plasmarse: sobre fines de la década de 1980, Codaglio proyectó junto a dos socios el lanzamiento de una emisora con cierta inclinación por lo musical, pero sin descuidar la parte periodística. “La radio iba a ser como una AM en su funcionamiento, pero como una FM en la parte musical. Papá quería ponerle buenas noticias a la FM”, recuerda Sergio. La hiperinflación y la crisis truncaron esa iniciativa, que poco después dio paso a un segundo proyecto, “menos ambicioso” y más enfocado en lo musical. Siempre había “un escollo” para concretar estas iniciativas: el lugar. “Siempre dependíamos de otro”, señala Codaglio hijo, quien en esa época comenzó a seguir más de cerca y acompañar los proyectos comunicacionales de su padre, limitado por su trabajo en la función pública.
Si bien las ideas iniciales se frustraron, en este proceso comenzaron a tomar forma algunas propuestas y se delineó una divisa que aún hoy marca el espíritu de la radio: “Pretender sacar a la gente, que no sienta el agobio de la realidad”. Una forma de comunicar menos frenética, que pueda compartir con el oyente las creaciones artísticas del repertorio regional y universal que no tienen la circulación que se merecen en los medios tradicionales.
Pronto, una serie de circunstancias hizo posible que los Codaglio logren sortear ese “escollo” que se presentaba cada vez que pensaban en su radio: Sergio, que trabajaba en el Banco Municipal y había logrado acceder a una vivienda a través de los créditos blandos que les otorgaban a los empleados bancarios, puso a disposición el inmueble cuando se hizo inminente el cierre de la entidad y debió buscar nuevos horizontes. Esa situación, que marcó un quiebre en su vida profesional, coincidió con la jubilación de su padre. “Los dos quedábamos desempleados, así que mi papá me preguntó si me animaba a hacer la radio”, resume.
Fueron muchos meses de trabajo intenso: compra de equipos, acondicionamiento del lugar, definición del perfil artístico y búsqueda de la frecuencia, entre otros. “Estuvimos meses explorando el dial, y quedaron dos frecuencias. Elegimos, pero en realidad no debería ser así: tendría que intervenir el Estado. Nosotros pedimos permiso: hicimos una nota al Comfer (Comité Federal de Radiodifusión); nos denegaron. Fuimos a la Justicia Federal con un recurso de amparo y ganamos. Ellos apelaron y pasó a la Corte Suprema. Eso nos permitió estar legales hasta que saliera la ley”, señala. Con la parte técnica encaminada, faltaba algo fundamental: la denominación de la radio. En esas reuniones creativas se barajaron una gran cantidad de posibles nombres: “Madrigal estaba entre los últimos. Pero a papá le gustó mucho, porque decía que era musical. Eso es Madrigal: poesía y música. Se resumió solo”, recuerda Sergio.
En el aire
El 2 de enero de 1996, con una grilla integrada en su mayoría por programas originales y en vivo, la radio comenzó a transmitir de manera oficial. En épocas donde las redes sociales todavía no existían, la novedad se comunicó de manera artesanal: los impulsores del proyecto repartieron una tarjeta entre posibles interesados, invitando a sintonizar a partir de ese día el 97.9 del dial. “La idea era que todos fueran espacios conducidos. Previamente, mi papá había invitado a personas conocidas o que tenía referenciadas”, indica Codaglio, repasando algunos de los primeros conductores que tuvo Madrigal: Luis Erguy, Juani Lazzaneo, Jorge Beades, Miguel Zurdo Martínez, Ramiro Gallo, Ernesto Méndez, Chola Zapata y René Bonfils, entre otros. Luego se irían sumando otras personas vinculadas al mundo de la música, como también profesionales y trabajadores melómanos que volcaron allí su pasión e hicieron sus primeras armas en el mundo de la comunicación.
“La mayoría de la gente que llegó a Madrigal no tenía experiencia. Muchos se preguntaban por qué. Pero a nosotros no nos interesaba la experiencia radial, las voces microfónicas. Siempre nos interesó el contenido, la propuesta”, reflexiona.
La radio transmitía de 9 a 20, mientras buscaba consolidarse, encontrar su perfil y generar un vínculo con los oyentes. “Los primeros años fueron difíciles, como en cualquier emprendimiento; uno normalmente invierte todo lo que tiene en el proyecto y no quedan ahorros para sostener”, explica Sergio. En esos primeros años, casi 70 personas entraban y salían por semana de la emisora para hacer sus programas, en una radio que no interrumpía su programación habitual los feriados, como tampoco los 24 y 31 de diciembre, fechas en las cuales se hacía un programa especial de Navidad y Año Nuevo, respectivamente.
Junto a los amantes de la música que despuntaban el vicio y hacían sus primeras experiencias frente a un micrófono, en la grilla había propuestas motorizadas por verdaderos maestros: Reinaldo Zemba, recordado director de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, tenía un programa propio llamado El podio, donde hablaba, entre otras cosas, de dirección orquestal. Conductor durante más de tres décadas del cuerpo orquestal que distingue a Entre Ríos, Zemba falleció en 2012, dejando un legado cultural en la región. Otros músicos de primer nivel también formaron parte de la programación, y algunos de ellos se sostienen hasta la actualidad.
A poco de andar, la radio iluminó dos proyectos que marcaron su historia. En 1998, de una reunión entre conductores y amigos de la emisora, surgió el primero de ellos: Voces de Madrigal, un disco que “pretende reflejar el compromiso de la gente de la radio con la buena música”. En ese CD hay grabaciones originales de Miguel Zurdo Martínez, Lidia Cerro, Luis Bertolotti, el grupo Vocal 6, Ricardo Couchot, Mala Junta, Chango Pirola, Ernesto Méndez, Karen y Román y Chola Zapata. De la misma época data otra iniciativa que subsiste hasta la actualidad: el Club de Amigos. La propuesta surgió como un sistema que permite a los oyentes que lo deseen colaborar con el sostenimiento de la emisora, mediante un aporte mensual. Si bien el club nunca superó el centenar de adherentes, desde la radio destacan la fidelidad de muchos miembros de este círculo, que llevan años acompañando el proyecto y en momentos difíciles son pilares de Madrigal.
La selección musical
La propuesta radiofónica de Madrigal comienza cada mañana a las 8, con Clásicos de siempre, y culmina a las 23, precedida por un segmento idéntico de una hora. En el medio, a lo largo de la jornada, se seleccionan bloques musicales de los más variados estilos, incluyendo seis programas originales nuevos y dos ya emitidos que van guiando al oyente con información histórica, artística y técnica sobre las obras difundidas.
Cuando se consulta por el criterio de la selección musical, la primera respuesta es amplia: “Toda la música que existe desde el año 1.100 hasta hoy, menos pop, rock y sus vertientes, y toda esta última música”. Las exclusiones no responden, en general, a gustos o impugnaciones estéticas, sino a la sobreoferta de estos géneros en otras emisoras. El radioescucha atento, remarcan, puede identificar emisoras con una cuidada selección en materia de rock internacional, por ejemplo, pero mucho menos en jazz o música clásica. Ese es el espacio que pretende ocupar Madrigal.
“En algún momento nos dijeron que discriminábamos. Y sí, uno siempre elige, discrimina. No en el sentido racial o religioso, sino que uno siempre está eligiendo, discriminando. La mayoría de los medios discrimina mucho más que nosotros, que pasamos muchísimos más géneros. Y le damos mucha importancia a la música nacional. Hay radios que son de música extranjera todo el tiempo”, señala Codaglio.
Entre los programas, hay propuestas que apuntan a explorar nichos muy específicos de la música de la mano de especialistas. La reconocida arpista Marcela Méndez, quien durante tres décadas fue parte de las orquestas de Entre Ríos y Santa Fe, lleva adelante dos propuestas: Eurindia, que profundiza en los vínculos que retroalimentaron los sonidos de América y Europa; y De música y músicos, una emisión donde se destacan diferentes obras, con predilección por aquellas interpretadas en arpa. Alejandro Campos Carlés desarrolla un programa sobre música de cámara, y siguen en el aire propuestas musicales como la del abogado y organista Jorge Beades, entre otras. Por otro lado, María del Carmen Schaller, locutora de la radio, desarrolla todas las noches Suave como el anochecer, un clásico que cumplió 26 años al aire. Además, Codaglio selecciona semanalmente programas ya emitidos que fueron realizados por personas que pasaron por la radio y fallecieron, como Silvia Reula, con su emisión dedicada de manera exclusiva a la ópera; y Bochi Zuázaga, con su programa de tangos.
Otro aspecto a destacar es que, evaluando su carácter de emisora cultural, cinco radios internacionales “confiaron sus producciones” a Madrigal, que durante algún tiempo difundió periódicamente trabajos radiofónicos de gran nivel realizados en el extranjero. Estas fueron Radio Nederland Wereldomroep (Holanda), Deutsche Welle (Alemania), Radio France Internationale (Francia), Radio Exterior de España y Radio Suiza International. El programa Podium Neerlandés, conducido por el argentino Carlos Micháns, de Radio Nederland, aún sigue al aire los sábados de 21 a 22.
El futuro
“No sé si llegaremos a los 30 años”, resume Sergio Codaglio cuando se busca conocer cuál será el futuro de esta emisora, asediada, como muchos otros proyectos comunicacionales, por los problemas ya mencionados y otras dificultades que erosionan y desgastan a quienes trabajan por su sostenimiento.
El 19 de mayo, Madrigal cumplió 10 mil días ininterrumpidos al aire, y a pesar de los vaivenes, ajustes y cambios que debió atravesar para subsistir en estas casi tres décadas, Codaglio considera que el actual “es el peor momento en lo económico”.
A lo largo de este tiempo, la radio recibió distinciones por parte de los gobiernos provincial y municipal, entre otros organismos y entidades, aunque eso no se tradujo en un interés del Estado por pautar en la emisora, lo que podría aliviar su situación: “No somos atractivos para ellos”, lamenta. Por estos días evalúan la posibilidad de acortar las horas de aire para ahorrar energía y siguen en carpeta proyectos para retransmitir online la radio, que hoy solo puede escucharse en el dial paranaense.
“Es difícil desde lo económico y desde las posibilidades. Lo que siempre quedó pendiente es poner la radio por internet. Es una deuda. Pero viendo la realidad actual no sé si la radio va a perdurar, no sé si llegaremos a los 30 años. No lo sé. Nunca se pretendió que la radio diera dinero, y yo lo acepté así. Pero hace varios años que no alcanza para sostenerse, y es un hobby caro. Tampoco me agobia eso”, remarca Codaglio, quien actualmente se ocupa “de lunes a domingo” de la operación técnica, la administración y la selección artística de la emisora, entre otras tareas necesarias para la puesta en el aire.
Superados los 10 mil días de aire, Madrigal sigue en pie a la espera de buenos nuevos tiempos. Mientras, continúa ofreciendo a través del dial algo más que la más maravillosa música: comparte un testimonio de la riqueza cultural del país y la región, de nuestra forma de apropiarnos del repertorio universal y de la enorme pasión y conocimiento en materia musical que puede exhibir un número significativo de entrerrianos. No es poco.