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Un periodista de armas llevar

Militante y figura ineludible de las décadas de 1960 y 1970. Se relacionó con los principales dirigentes de aquellos años. Abogado de profesión y periodista de oficio, transitó una vida política sin especulaciones. Lo guiaron las ideas del hombre nuevo y la lucha armada. De Paraná a Cuba, su nombre se inscribe en la más destacada bibliografía de la época. Con ustedes, Manuel Gaggero.

Por: FEDERICO MALVASIO

Un periodista de armas llevar

Tipear su nombre da un sinnúmero de respuestas, pese a ser un hombre anterior a internet, las redes sociales y los algoritmos. Se llama Manuel Justo Gaggero, pero la historia y las urgencias le exigieron llevar otras identidades.

La vida de este dirigente político y abogado es de película y Paraná solo va a ocupar una breve locación en toda la trama, aunque intensa.

De una familia de clase media, Gaggero se entusiasmó con la política a temprana edad en el Colegio Nacional de Paraná, cuando se integró a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que solía ser el paso previo a la Juventud Peronista. Pero el peronismo, sin embargo, no iba a ser el partido que lo contuviera siempre. El hecho que lo cautivó fue la expropiación en 1954 del Club Atlético Estudiantes (CAE), durante el gobierno justicialista de Felipe Texier. En la vereda de enfrente, en contra de esa medida, se inscribían apellidos ilustres de la ciudad. Los Uranga, los Barbagelata.

Decidido a tributar en la izquierda, donde la palabra revolución encolumnaba, Gaggero no se movió un centímetro del camino elegido a lo largo de su vida, que el próximo 13 de octubre contará 84 años. Estuvo en el peronismo cuando el partido se propuso llevar adelante el programa de “liberación nacional”.

Con el golpe cívico-militar de 1955, Gaggero se ubicó claramente de un lado de la grieta, lo que le trajo dificultades, por caso, enfrentamientos que lo obligaron a cambiar de colegio. Saltó a la Escuela Normal y, luego, al nocturno del Nacional, donde a la mañana trabajaba como celador. Los primeros pasos en la militancia fueron en una especie de clandestinidad, porque el peronismo estaba proscripto. Recuerda que con sus amigos Gabriel Bourdin, Leandro Pérez, Rodolfo Amable y trabajadores metalúrgicos sindicalizados constituyeron el primer grupo político para “armar la resistencia”. Entre otras cosas, implicaba organizar la campaña del voto en blanco impulsada por Juan Domingo Perón desde el exilio. No así el voto por Arturo Frondizi, a lo que el grupo se negó.

De Santa Fe a La Habana

Cuando la década de 1960 mostraba signos de efervescencia política en todo el continente latinoamericano, inspirada en la Revolución Cubana, Gaggero se encontraba en Santa Fe cursando la carrera de abogacía en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Junto a otros militantes, fue citado en Montevideo por Alicia Eguren, referente de la izquierda peronista.

Manuel viajó a la capital uruguaya y participó de una reunión donde se los convocó a formar el Frente de Liberación en la Argentina, que iba a requerir de una etapa de entrenamiento en Cuba.

Era 1962, tenía 21 años y había perdido a su padre Luis a los 3. La llegada a la isla caribeña no fue fácil. En primer lugar, tuvo que convencer a Susana, su madre, para que le firmara la autorización para salir del país, porque era menor de edad. Pero peor fue su estadía, que no se sabía cuánto tiempo iba a durar y debía transcurrir en el secreto más absoluto. En resumen, su madre debía autorizarlo a salir del país, pero sin saber adónde, con quién ni a qué iba. “Eran condiciones muy estrictas, aunque después nos infiltraron gente”, recuerda. Quien jugó un rol fundamental para convencer a su madre fue su hermana, Susana Emilia.

Manuel tuvo que hacer una escala obligatoria en México. Con los pies en La Habana, pasó por Migraciones sin que le sellaran el pasaporte y se dirigió al Hotel Riviera, en pleno Malecón. En la recepción dio su nombre y esperó unos minutos hasta que se le presentó un hombre, con unos kilos de más, que lo saludó y, sin medias tintas, le dijo:

De ahora en más te llamás Luis Vélez.

Era John William Cooke, ex diputado, referente del peronismo de izquierda, esposo de Eguren y, por entonces, uno de los delegados de Perón. En menos de 24 horas, Gaggero fue trasladado a un campo de entrenamiento para iniciar su nuevo rol, el de guerrillero.

Conoció a los revolucionarios de la Sierra Maestra. A Fidel Castro cuando se apersonó en el campamento donde entrenaban. Sin embargo, con Ernesto Guevara tuvo encuentros más intimistas en la casa del revolucionario, donde escuchó anécdotas y disfrutó de su filosa ironía. En una de las visitas, el Che le hizo saber que sabía de su paso por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y le anticipó su destino:

Cuando venga el socialismo, los abogados van a ser policías. Hacete a la idea de que tu trabajo va a ser dirigir el tránsito.

Para Gaggero, el Che fue “un hombre fuera de serie en todos los planos, el fundador de la idea del hombre nuevo, consecuente en su modo de actuar y de vivir”. Recuerda gestos ínfimos, pero con perspectiva histórica, como cuando el Comandante hacía llevar a los gurises al trabajo, para que fueran sus padres quienes se encargaran de darles la mamadera. “Fue la primera vez que escuché hablar de machismo”, rememora, en referencia a tareas de las que solían encargarse las madres.

Luego de un año en La Habana, Gaggero retornó a la Argentina con el inconveniente de no tener un pasaporte sellado, lo que implicó tener que borrar las huellas de su paso por Praga, Zurich y San Pablo.

En el regreso se dedicó a terminar la carrera de abogacía para representar a presos políticos, integrar equipos legales en sindicatos y sumarse al Frente Revolucionario Peronista (FRP).

Con una formación política en la izquierda latinoamericana y el entrenamiento en Cuba, Gaggero daba inicio a una nueva etapa.

La rosca

Los vaivenes del peronismo lo llevaron a incorporarse a las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), donde su hermana Susana, ya psicóloga, ocupaba un lugar preponderante en la conducción.

Bajo las órdenes de su fundador, Mario Roberto Santucho, continuó trabajando como defensor de presos políticos y en los sindicatos. En 1968 fue abogado nada más ni nada menos que de la CGT de los Argentinos.

Se convirtió en un integrante importante del buró político del PRT en el área legal y compartió espacios con Alicia Eguren y otro abogado vinculado al peronismo de izquierda: Rodolfo Ortega Peña. También con Silvio Frondizi, un intelectual marxista y hermano del ex presidente, con quien defendió a los presos de la guerrilla del norte. Gaggero fue quizás el último en estar con Frondizi antes de aparecer acribillado, el 27 de septiembre de 1974. Tras los asesinatos de Ortega Peña y Frondizi, a manos de la Triple A, Gaggero tenía dos salidas: exiliarse o pasar en la clandestinidad. Optó por la segunda, bajo el nombre de Esteban Utrillo. Sus hijos Manuel, Mauricio y Mariano, sin embargo, siguieron manteniendo una cotidianeidad más o menos igual, aunque con la prohibición de contar en qué trabajaba el padre.

El paranaense tuvo un lugar destacado en el vínculo del PRT con los referentes políticos de otras fuerzas políticas. Mantenía encuentros con el demócrata cristiano Horacio Sueldo, con el diputado radical de entonces Mario Amaya, con quien sería candidato a presidente Oscar Alende y con Raúl Alfonsín. De hecho, fue Geggero presentó a quien sería Presidente de la Nación con Santucho. Luego sería el encargado de hacer el enlace, en Córdoba con Agustín Tosco. Los hechos que derivaron en el Cordobazo lo encontraron en su casa, a la que había llegado tabicado.

Un día de marzo de 1970 fue detenido de rebote, o casi, cuando fue a la delegación de la Policía Federal en Paraná para preguntar por su hermana Susana y su cuñado Luis Pujals, que habían sido detenidos en Rosario por integrar el Comando Ernesto Che Guevara, la primera célula militar del PRT. Gaggero no pertenecía a esa orga, aunque sí a la lucha armada. Igual, marche preso. Fue trasladado al penal de Caseros, en la Capital Federal, lo que generó un escándalo público en Paraná. El Colegio de Abogados llamó a un paro provincial, mientras curas tercermundistas reclamaban por la libertad de Gaggero en las homilías y los sindicatos hacían lo propio. Fue tanta la presión que el interventor militar en Entre Ríos, Ricardo Favre, le pidió por su liberación al Poder Ejecutivo Nacional y que se concretara en Paraná. Finalmente, así ocurrió. A Gaggero lo recibió el brigadier a cargo del Gobierno provincial en un acto público que hoy recuerda con gracia.

El 29 de septiembre de 1973 el frente de la casa de Gaggero, en la esquina de San Martín y Paraguay, voló por los aires a causa de la explosión de una bomba. Sobre los escombros se posó un cartel que decía “Por Rucci”, en referencia al líder sindical que había sido asesinado cinco días antes. El atentado fue ejecutado por el Comando Paraná, la patota paramilitar del entonces gobernador Enrique Tomás Cresto.

Entre diarios

En 1971 el PRT había impulsado la creación del semanario Nuevo Hombre; Gaggero iba a incursionar por primera vez en el periodismo y como director. Dos años después, tras la asunción de Héctor Cámpora como presidente, la organización fundó el vespertino El Mundo. En realidad, se trató de un relanzamiento del viejo diario de la editorial Haynes que había circulado entre el 14 de mayo de 1928 y mediados de 1967.

La idea era hacer un diario generalista, pero con una marcada línea política, incluso en el ámbito internacional. La cobertura de los procesos independentistas en diferentes partes del mundo tuvo un espacio relevante. Al frente del diario, Gaggero debió administrar las peleas que había entre “periodistas profesionales” –lo pone en esos términos– y “militantes que escribían”. Había también “híbridos”, como Susana Viau y Stella Calloni. El diario tenía corresponsales fuera del país y en las ciudades más importantes de la Argentina, donde la política cobraba mayor intensidad, como Rosario. Allí estaba Carlos Gabetta.

Gaggero también fue artífice de un hecho que quedó registrado en la zona oscura de la historia del periodismo. Ocurrió el 8 de febrero de 1974. Envió a la periodista Ana Guzzetti, acreditada en la Casa Rosada, a la conferencia de prensa que iba a brindar Perón en la Quinta de Olivos y le pidió que preguntara por el accionar de los grupos parapoliciales, en rigor, la Triple A. “Le dijimos que le pregunte, porque ya varios compañeros nos contaban lo que estaba sucediendo en los barrios”, recuerda Gaggero. Ante la pregunta, el Presidente, desconcertado primero y visiblemente enojado después, hizo que le tomaran los datos y le iniciaran una causa judicial. “Cuando los periodistas que estaban en la Redacción se enteraron, bajaban las escaleras corriendo, queriendo irse, porque estaban seguros de que iban a reventar el diario”, recuerda ahora entre risas. El Mundo fue clausurado poco después y a Guzzetti intentaron secuestrarla. Hubo campañas de repudio. Una de ellas la encabezó el senador radical por Entre Ríos Carlos Perette, conocido de Gaggero, que además presidía la Comisión de Libertad de Prensa.

El clima ya se había tensado semanas antes, el 19 de enero, cuando el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el brazo armado del PRT, atacó la unidad militar en la localidad bonaerense de Azul. Una semana después, a instancias de la Casa Rosada, fue desplazado el gobernador Oscar Bidegain, enrolado en la izquierda peronista.

El diario del PRT tenía un acuerdo con Noticias, el matutino de Montoneros, en el que Miguel Bonasso cumplía un rol importante.

El Mundo sumó a Alende y al radical Hipólito Solari Yrigoyen. Este último fue uno de los responsables, durante la dictadura, de imprimir La República, un diario que editó el radicalismo entre 1977 y 1983 con los exiliados y en el que Gaggero publicó algunos artículos.

El vespertino que financiaba el PRT vendía 150 mil ejemplares diarios y tenía un costo de mantenimiento de 100 mil dólares mensuales. El archivo, que heredó de la editorial Haynes, ocupaba el espacio de una casa. Con buena parte del espacio político en la clandestinidad, no supieron qué hacer. Algunos números se encuentran en un instituto latinoamericano en la ciudad neerlandesa de Amsterdam. “La burocracia sindical de Lorenzo Miguel presionaba para que cerrara”, recuerda Gaggero. Finalmente, el diario dejó de existir luego de la clausura del 14 de mayo de 1974, tras el asalto al Comando de Sanidad del Ejército por parte del ERP.

Gaggero decidió exiliarse en diciembre de 1976. “En septiembre llegó de Europa el Pelado (Enrique) Gorriarán Merlo y me planteó que el partido había decidido que saliera del país con toda la familia. El destino era París, pero era muy complicado”, repasa. Luego se fue a México, pasó por Madrid, recaló en Estado Unidos para sumarse a una revista que se llamaba Denuncia y, finalmente, en 1979, se radicó en Nicaragua. En este país preparó, con el ministro de Justicia Carlos Argüello, una demanda contra Estados Unidos por la agresión a los puertos abiertos de ese país y la presentaron ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

En abril de 1984 regresó a Buenos Aires, donde reside y prepara el tercer libro de una saga cuyo primer tomo lleva el nombre de Un viaje hacia las utopías revolucionarias. A finales de la década de 1980 integró el Movimiento Todos por la Patria (MTP). Si bien no participó de los hechos de La Tablada, fue testigo en el juicio. En la década siguiente se enroló en Proyecto Sur, de Fernando Pino Solanas, a quien acompañó hasta su acercamiento a Elisa Carrió y luego a Alberto Fernández.

En las paredes

Si la historiografía es un hilo de sucesos en tiempo, espacio y contexto, el nombre de Gaggero se cuela en la memoria colectiva actual sin pedir permiso. Quienes volvieron a ver la serie Okupas, emitida por primera vez a fines de 2000 y reeditada por Netflix en 2021, habrán ratificado la certeza de que la historia está ahí. Vuelve.

La crisis política, social y económica es el escenario en el que Bruno Stagnaro inmortalizó a Ricardo (Rodrigo de la Serna), el Pollo (Diego Alonso), Walter (Ariel Staltari) y el Chiqui (Franco Tirri). A los pocos minutos de iniciada la trama, la cámara muestra a cuatro jóvenes dispuestos a caminar la calle en busca de una changa con un paredón blanco de fondo en el que asoma la leyenda “Gaggero Jef. Gob. Frente de la Resistencia”. El edificio destartalado en el que se desarrolla buena parte de la obra fílmica está ubicado aún en Pasaje Del Carmen al 700, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esa locación se va a repetir en otros momentos de Okupas. El grafiti allí estampado habla de su última incursión política, en el rol de candidato en las elecciones del 7 de mayo de 2000.

Las opiniones políticas de este paranaense no cambiaron demasiado desde aquel tiempo hasta la actualidad. Casi nada. Los años siguientes y su edad no lo volvieron ni más comprensivo ni conformista. El kirchnerismo lo tuvo sin cuidado. Rescata lo realizado en materia de juicios por los crímenes de la dictadura, pero le reprocha haber sostenido la matriz política, social y económica que impera y, en realidad, es la que financian los grupos económicos concentrados. En la crisis de principios de siglo vio una posibilidad de cambio en serio cuando la sociedad se animó a probar nuevas formas de organizarse en asambleas. “Todo eso, que era nuevo y espontáneo, lo absorbió el kirchnerismo. Fueron ellos el canal para transformarlo o volverlo a ser parte de la política tradicional”, resume Gaggero, que en ese tiempo estaba al frente de la revista Diciembre 20.

El 8 de abril de 2006 Manuel se reencontró con su hermana. Fue cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), luego de una larga investigación, rescató sus restos en el Cementerio de Moreno. Había sido enterrada como NN tras ser asesinada en un operativo ilegal del Ejército y la Policía bonaerense, a los 33 años, el 29 de marzo de 1976, en una reunión del Comité Central del PRT-ERP, a pocos días del golpe cívico militar. Su compañero, Luis Enrique Pujals, con quien tuvo un hijo, había sido secuestrado y desaparecido el 17 de septiembre de 1971. Manuel suele referirse al Flaco como “un hermano”. Susana y Luis fueron responsables del Área de Solidaridad Nacional y formaron parte del Comité Central del PRT-ERP.

Manuel no conserva fotos con el Che, Fidel, Santucho, Cook, Tosco o Raimundo Ongaro, entre la cantidad de dirigentes que frecuentó y que acredita la historia. La acción política de esos años, que tuvo a Gaggero como protagonista, no cabía en una selfie.

 

 

 

 

 

Fuentes

Gaggero, Manuel. Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Tomo I. Ediciones de la Comarca, 2020.

Maggio, Marcelo. Diario El Mundo. Cooperativa Gráfica El Río Suena, 2012.

Anguita, Eduardo; Caparrós, Martín. La Voluntad. Tomos IV y V. Booket, 2007.

Seoane, María. Todo o nada. Editorial Debolsillo, 2011.

Mattini, Luis. Los perros. Memorias de un combatiente revolucionario. Ediciones Continente, 2006.

Entrevistas inéditas a Manuel Gaggero, realizadas por Alberto Elizalde Leal y Daniel Cechhini.

Entrevista del autor a Manuel Gaggero.